la regla del “hombre fresco”

Cuando una personas enfrenta individualmente un problema técnico puede caer en dos etapas:

  1. El proceso normal de diagnosticar y resolver el problema.
  2. El proceso de estar bloqueado/parado por el problema.

Los problemas que están en proceso son aquellos en los que estás trabajando fluidamente. Por ejemplo, te encuentras el problema X y determinas que puede tener las causas A, B, C y D. Mientras pruebas y determinas cuál o cuáles son las causantes estás trabajando hacia la solución. Inclusive puedes llegar a D y encontrar que el problema está en M ó N o en alguna combinación de las anteriores. Hacia esta actividad no tenemos objeción.

Los que causan un bloqueo son problemas que ya recorriste A, B, C, D, E, F… hasta la Z y sus permutaciones y combinaciones y no encuentras la solución. Más aún, pueden ser problemas que intuyes que la solución es simple pero no la hallas. Generalmente son problemas que:

  • Ya les dedicaste mucho más tiempo del planeado.
  • Haz revisado varias veces la misma opción de solución sin encontrar nada.
  • Comienzas a buscar la solución de maneras absurdas o extremadamente radicales (¿reinstalar el sistema operativo, la aplicación, el navegador, etc? ¿culpar al antivirus? ¿reprogramar de cero?).
  • Tiendes a obsesionarte con encontrar la solución aún a costa de tiempo, desvelo, otros proyectos en curso, etc.

Son, realmente, pequeños infiernos inesperados.

Para lidiar con estos últimos hemos establecido la regla del hombre fresco.

Es muy simple:

  1. Dedicas a un problema de bloqueo 10 ó 20 minutos cuando más.
  2. Si no lo logras, trae a un “hombre fresco”. Es decir, pide ayuda.

Literalmente, en 99% de los casos ha sido una manera veloz de resolverlo.

Alguien nuevo al problema puede:

  • Pensar de inmediato en una alternativa nueva.
  • Ver el “punto y coma” que te faltaba (los programadores entederán de inmediato).

Más aún, en 50% de los casos, mientras la persona que se enfrentó al problema originalmente lo explica al “hombre fresco”, se detiene de golpe y dice: “¡Ah! ¡Ya se que és!”. Explicar y externar el problema da un respiro y a veces se cae en la solución de golpe.


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