a.m.

El mundo es de los que se levantan temprano. Definitivo, triste y cierto.

Toda mi vida he preferido trabajar hasta las 3:00 y levantarme a las 11:00. Es decir, vivir el estereotipo del “computer geek” noctámbulo.

Sin embargo, después de una larga historia de criticar a las “gallos madrugadores” del mundo laboral, una circunstancia me llevó a voltear mi horario y entrar a las 07:00 a la oficina. Básicamente me dí cuenta que detesto más el tráfico que levantarme temprano.

Los que madrugan tienen algunas ventajas claras:

  • El tráfico es infinitamente, SÍ, infinitamente más viable a esta hora. Todo el tiempo que no pases en el auto puedes trabajarlo, leerlo ó dormirlo.
  • De 07:00 a 09:00 NADIE más trabaja. Es decir, tienes tus dos primeras horas libres para avanzar y sacar pendientes. Sí, ya se que de 23:00 a 03:00 tampoco nadie trabaja. Pero hay una radical diferencia entre tener tus horas de avance libre al inicio del día (fresco como la lechuga) en lugar de tenerlas al final (cuando tienes a Morfeo dándote almohadazos en la cabeza). Además, si tus tareas de estas dos horas requieren más tiempo se extienden hasta las 11:00 ó 12:00, no hasta las 04:00 ó 5:00.
  • En lugar de atender tus 25 correos pendientes a las 12:15, los puedes atender conforme van llegando: menos cuello de botella.
  • Te enteras de todo temprano, tienes una ventaja de tiempo sobre el resto del día.

Lo recomiendo altamente.

Muy importante no olvidar:

  • Si vas a entrar temprano, sal igualmente temprano.
  • Si pretendes llegar temprano SIEMPRE, te tienes que dormir SIEMPRE a una hora límite.
  • Prepárate para el shock del “VAMPIRAZO” de salir con luz de día de la oficina.

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