la más terrible de todas

Tu propuesta de solución (fase de diseño de sistema) debe de estar siempre lista para responder a una lista exhaustiva, cuasi-interminable, casi ridícula de la más terrible de las preguntas:

  • ¿porqué?

O su prima hermana ¿para qué?

Porqué: ¿de dónde viene? ¿a qué responde? ¿porqué se propone de esa manera? Si hay suficientes porqués respondidos la solución tiene causa, pasado, raíces.

Para qué: ¿a dónde va? ¿qué resolverá? ¿en qué punto nos dejará el esfuerzo una vez concretado? Si hay suficientes para qués respondidos la solución tendrá objetivo, vigencia, utilidad práctica.

Llevar a cabo esta prueba del pasado y futuro de un punto de solución nos da un dolor de cabeza (el más terrible de todos). Pero, si sale triunfante, nos arrancará una maliciosa sonrisa de satisfacción.

Por lo menos hasta que, una vez logrado el consenso sobre un curso de acción, alguien pregunte: ¿y si…?


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